Desde que Henry Valenzuela Peña vio morir a su hijo, en medio de un crimen pasional, vivía en función de un solo objetivo: encontrar a quien acabó con su vida.

Desde entonces inició una incansable lucha que se extendió por años y que le permitió dar con la ubicación exacta del presunto asesino.

Pero de nada le sirvió, pues Henry perdió su propia batalla. Y aunque su muerte fue natural, el dolor y la impotencia siempre estuvieron presentes.

Consigo, no se llevó más que el deseo de ver actuar a la justicia, resultados que ahora esperan ver sus familiares, a quienes de Henry y su hijo, no les queda más que su recuerdo.