Travis Warner, un joven empresario de tecnología en Texas se llevó una sorpresiva noticia tras realizarse una prueba PCR junto a su esposa.

Debido al alto número de contagios y a la forma de trabajo que este realizaba durante la pandemia, uno de sus trabajadores resultó positivo para COVID-19, por lo que decidieron con su esposa viajar a Lewisville para realizarse la prueba.

A los pocos días los resultados llegaron a su casa y estos les trajeron alivio ya que eran negativos. La sorpresa fue que estas pruebas les costaron más de 56 mil dólares.

 

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En Estados Unidos, las empresas de seguros deben hacerse cargo de las pruebas por coronavirus mientras dure la emergencia sanitaria, hasta octubre, debido a una legislación aprobada por el Congreso. El objetivo de la medida era evitar el rechazo a los test, tan necesarios en uno de los países más golpeados por la pandemia.

Sin embargo, esta decisión provocó también que las empresas de servicios médicos cobren cifras irreales por los exámenes. Usualmente, a los pacientes no les importa el monto porque no los pagan, pero este no fue el caso de Warner.

 

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Según lo dio a conocer el medio NPR, el joven realizó numerosas llamadas telefónicas a la clínica y al centro de facturación.

Tras una espera de un mes, la aseguradora le envió un mensaje en el que afirmaba que habían auditado la factura y recuperaron así casi todo el dinero pagado.

SignatureCare Emergency Centers, el centro de salud en cuestión, no hizo comentarios sobre el tema; aunque reconoció que tiene un margen de error del 2 % en las facturas y que durante la pandemia recibió una “demanda sin precedentes”. Dice que sus errores en facturas son involuntarios.