El Gobierno autorizó este martes el plan piloto para el consumo de licor en restaurantes y bares, para el cual los establecimientos deberán contar con una infraestructura específica y cumplir con un protocolo de bioseguridad determinado por el Ministerio de Salud.

La decisión fue tomada tres semanas después que las autoridades sanitarias permitieran la reapertura de los bares del país, cerrados desde marzo por la crisis provocada por la pandemia de la COVID-19, pero no la venta de alcohol en ellos.

Para poder reanudar el comercio de licor en estos establecimientos se deberá «instalar un punto de control en la entrada» para «hacer registro de ingreso de clientes, así como toma de temperatura, autodeclaración de estado de salud, verificación del uso correcto de tapabocas y la realización de la desinfección de manos».

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«Además es importante garantizar la circulación natural del aire para disminuir el riesgo de propagación, así como el distanciamiento físico de dos metros entre personas en las barras en caso que aplique y entre mesas o grupos de personas», detalló el Ministerio de Salud.

Igualmente señaló que de ser posible se debe habilitar una puerta de ingreso y otra de salida para tener un mayor control del flujo y la circulación de personas, mientras que se prohibió el uso «de cualquier tipo de decoración para ocasiones especiales».

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«También que se debe eliminar el uso de cartas o menús en físico, servir en platos o vasos individuales los productos que sean para compartir, así como informar a los clientes sobre la prohibición de compartir comidas, bebidas, tragos, cigarrillos y narguilas«, añadió el Ministerio.

Según el Gobierno, los bares deberán entregar a los clientes las botellas de licor desinfectadas y están prohibidos los bailes al interior de los establecimientos.

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