Monseñor Óscar Urbina Ortega es un curtido sacerdote que está próximo a cumplir 74 años de edad. Además de ser el arzobispo de Villavicencio, es el presidente de la Conferencia Episcopal colombiana.

Él, que ora varias veces al día y que tiene un contacto cercano con Dios, creyó que, por cuenta del COVID, su día había llegado.

En diálogo exclusivo con NotiCentro1 CM&, contó cómo se salvó de esta enfermedad que, a la fecha, ha matado a 53.284 colombianos, incluidos 34 sacerdotes.

‘’Yo me preparé espiritualmente, como nosotros tenemos la unción la recibí antes de irme para Bogotá’’.

Monseñor Urbina estuvo 20 días hospitalizado, 15 de ellos en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

‘’Estuve en la UCI en la Cardioinfantil de Bogotá, me hospitalizaron en Servimédicos de Villavicencio y de ahí me remitieron, por la gravedad en el pulmón, de la neumonía que tenía’’.

Dice el presidente de la Conferencia Episcopal que lo más duro de la enfermedad es no poder ver a las personas que se aman.

‘’Esa separación de la familia y de la Iglesia es muy dura, uno queda solo en las manos de Dios y en la ayuda del personal sanitario que lo atiende a uno’’.

Como paciente y sacerdote, monseñor Urbina resalta el abnegado trabajo que hace todo el personal sanitario que atiende a los enfermos de COVID.

‘’Realmente para quitarse el sombrero, cuando uno está ahí y palpa lo que hacen todos: médicos, enfermeras, auxiliares, hasta el personal del aseo para que todo quede aséptico para favorecer a los pacientes’’.

Todavía, con la necesidad de recibir oxigeno por las noches, el arzobispo de Villavicencio ofrece la ayuda de la Iglesia para cuando llegue el tiempo de la vacunación en Colombia.

Ofrece los templos si es necesario, mientras tanto hace un llamado al autocuidado: ‘’si yo me cuido, cuido a los demás, y de eso debemos ser conscientes”, sentencia con la autoridad que le da el saber que el contagio llega en cualquier momento.