Iván Márquez y El Paisa aseguran en su misiva, la primera que se conoce tras su desaparición del Espacio Territorial de Miravalle, que tres aspectos enviaron el acuerdo de paz firmado en La Habana al abismo de los procesos de paz fallidos.

“Al menos tres actos de insensatez empujaron la esperanza tejida en La Habana al taciturno abismo de los procesos de paz fallidos: la inseguridad jurídica, las modificaciones al texto original de lo convenido y el incumplimiento de aspectos esenciales del acuerdo”, indicaron.

Los exnegociadores de la paz aseguran que las modificaciones al texto original de lo convenido trasfiguraron el acuerdo de La Habana en un horroroso Frankenstein.

“Personajes que nunca fueron ungidos con el honor de ser plenipotenciarios de las partes, se dieron a la tarea de meterle mano para dañar lo construido con tanto esfuerzo y amor. Sucedió después de la entrega de las armas. Eso es perfidia, trampa y ‘conejo’. Mal hecho. No se puede traicionar la paz de esa manera. Los acuerdos, que fueron firmados solemnemente, son para cumplirlos”, manifestaron.

Aseguran Márquez y El Paisa que la JEP que existe hoy no fue la acordada en La Habana, sino la que querían el fiscal y los enemigos de la concordia. Critican la que llaman intervención del embajador de Estados Unidos en Colombia.

“Estamos frente a un descarado abuso en el ejercicio del poder, mezclado con una rendición inaceptable de nuestra soberanía jurídica a una potencia extranjera. No podemos dejar la Paz -que es el derecho más importante- en manos de personajes como Martínez y Whitaker. Carecen ellos de sentido común para trazar el destino de Colombia, que definitivamente no puede ser el de la guerra”, sostuvieron.

En su carta a la Comisión de Paz del Senado critican al expresidente Santos y lo acusan de no haber tenido la convicción para salvar el proceso de paz y afirman que el acuerdo de La Habana fue traicionado.

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Sin eufemismos y en lenguaje franco: lo esencial del acuerdo de paz de La Habana ha sido traicionado. El Congreso anterior hundió la reforma política y las Circunscripciones Territoriales Especiales de Paz. No se aplicó plenamente la amnistía; todavía quedan guerrilleros presos. Cinco años después de lograr el primer acuerdo parcial no hay titulaciones de tierras, ni fondo de 3 millones de hectáreas para los que no la tienen

añadieron.  

Los dos exnegociadores se lamentan de haber firmado, en primer lugar, la entrega de armas sin que se definieran los términos de la reincoporación de los exguerrilleros. 

“El acuerdo tuvo una falla estructural que pesa como pirámide egipcia que fue haber firmado, primero, la dejación de las armas, sin haber acordado antes los términos de la reincorporación económica y social de los guerrilleros. Esa es la causa de los problemas que hoy afrontan los ETCR por incumplimientos del Estado. Ingenuamente creímos en la palabra y la buena fe del Gobierno, a pesar de que Manuel Marulanda Vélez siempre nos había advertido que las armas eran la única garantía segura de cumplimiento de los eventuales acuerdos”, agregaron.

Finalmente, Márquez y El Paisa piden a los senadores salvar el proceso de paz.  

“Señores y señoras congresistas: nuestra principal preocupación es cómo sacar la paz de Colombia del abismo de los acuerdos fallidos a la que fue arrojada con desprecio, y nos gustaría conocer al respecto sus valiosas apreciaciones. Vale la pena intentar lo imposible, porque de lo posible se ocupan los demás todos los días”, concluyeron.