Con el dolor por la muerte de su abuela de 83 años, la familia de Aida Bermejo tuvo que llenarse de valor y romper los candados para ingresar el ataúd al cementerio del Sur en el barrio Santa María, después de cargar su cadáver durante tres días y con la incertidumbre de no saber dónde sepultarlo.

Erlys Meriño, nieta de la difunta, sostuvo que “la doctora me salió con groserías, que tenía que tragarme mi muerto y no es la actitud de un funcionario”.

En medio de la maleza y osamentas expuestas tuvieron que sacar los restos de un pariente, para en la misma bóveda guardar el cuerpo de la difunta. Duraron tres horas en este proceso y aún la señora Aida Esther Bermejo no veía su descanso eterno.

“Hubo que esperar media hora hasta que reventaran los candados, tras de eso nos tocó esperar, después montarla, luego que sacaran los restos de mi mamá, para poder enterrar a mi abuela y en eso fueron dos horas más”, contó Meriño.

Líderes sociales rechazaron las declaraciones de funcionarios de la alcaldía quienes les dijeron que los sepelios deben ser programados.

Este mal llamado Campo Santo se ha convertido en un foco de delincuencia, solo abierto los domingos para las visitas de los dolientes.