A 12 horas de que expire el plazo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sigue sin cerrar una coalición de gobierno y no parece cerca de llegar a un acuerdo con uno de sus socios fundamentales, el exministro Avigdor Liberman; en caso de no lograrlo, su estrategia se encamina a forzar nuevas elecciones para que la oposición no tenga opción a intentar formar un Ejecutivo.

Los diputados han comenzado ya a debatir la ley de disolución de la Cámara, que se aprobó en lectura preliminar y primera en los últimos dos días (con 66 votos a favor de 120) y se votará en segunda y tercera lecturas a lo largo de esta tarde.

Si se disuelve el Parlamento, se convocarán nuevos comicios generales para el próximo 17 de septiembre, lo que supondría la primera vez que debería repetirse el voto en la historia del país.

De no aprobarse la disolución, el presidente israelí, Reuvén Rivlin, podrá encargar la formación de gobierno a otro diputado. También podría ocurrir -aunque parece menos probable-, que el mandatario diese un nuevo plazo de dos semanas al primer ministro en funciones para seguir negociando, algo que debe ser aprobado por mayoría simple del Parlamento.

El problema vuelve a ser el mismo que ocasionó la convocatoria de elecciones anticipadas: los desacuerdos en torno a la ley que busca la incorporación al servicio militar obligatorio de tres años para los hombres y dos para las mujeres de la población ultraortodoxa, hasta ahora mayoritariamente exenta de esta obligación nacional.