Sólo un anciano de 76 años se quedó en el casco urbano de Morales, al sur de Bolívar… El agua sacó a los demás.

Él se llama Pedro Arias, se quedó en Morales sólo con el perro de su nieto y ya no puede salir porque todas las vías de acceso están bloqueadas por la inundación.

Morales, al sur de Bolívar, es un pueblo fantasma.  Las calles que hasta la semana anterior eran pobladas por cerca de cuatro mil habitantes hoy son canales de aguas estancadas por cuenta de la creciente del río Magdalena.

Aunque la mayoría de moralenses ha buscado refugio en pueblos vecinos también afectados por las lluvias, Pedro Arias, acompañado esporádicamente por Cacique, el perro de su nieto, se resiste a abandonar su casa.

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Las aguas que han anegado más de 80 mil hectáreas de cultivos de algodón, yuca y pastos de ganadería se resisten a dejar la zona, pues las lluvias no ceden y el precario sistema de alcantarillado colapsó.

En refugios improvisados la espera continúa y mientras las mujeres cocinan y cuidan a los niños, los hombres siguen trabajando en medio de las aguas tratando de restablecer las murallas de contención.