Las últimas expediciones aún presentes en el Everest intentaban el lunes llegar a la cumbre, al término de una temporada mortal marcada por los atascos en la “zona de la muerte” y los llamamientos a regular los ascensos.

“Sólo quedan algunos alpinistas del lado de Nepal, que subirán el lunes. Podemos decir que la temporada está casi terminada” dijo Gyanendra Shrestha, responsable gubernamental de la montaña de 8.848 metros.

Los peligros propios de la extrema altura, así como a los “atascos” de alpinistas provocados por el gran flujo de montañistas se han cobrado la vida de diez personas este año.

Se trata de la temporada más cruenta en el Everest desde 2015. El año pasado murieron cinco personas.

Al menos cuatro de los decesos de esta temporada se atribuyen al atasco existente en la llamada “zona de la muerte”. Estos atascos hacen perder un tiempo precioso y aumentan los riesgos de congelación, agotamiento y mal de altura.

A finales de mayo se acaba la llamada “ventana de oportunidad”, el periodo de escasas semanas en el que las condiciones son menos extremas.
La consecuencia es que el número de personas que coinciden en ese periodo en la misma ruta para intentar llegar a la cima aumenta a diario.