Los agricultores europeos alzaron la voz de inmediato contra el acuerdo comercial que la UE y el Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) cerraron el 28 de julio por la noche en Bruselas, que amenaza, según ellos, su actividad.

En cuanto se anunció el acuerdo, empezaron a proliferar tuits y comunicados, en contraste con las amplias sonrisas de los negociadores europeos y sudamericanos, satisfechos por este «histórico» compromiso tras 20 años de discusiones.

La Copa Cogeca, el principal sindicato agrícola de la UE, criticó «una política comercial de doble rasero y con doble vara de medir», que aumenta «la brecha entre lo que se le pide a los agricultores europeos y lo que se tolera a los productores de Mercosur«, cuyas normas sanitarias y medioambientales no son las mismas que en Europa.

En Alemania, Joachim Rukwied, responsable del principal sindicato agrícola, Deutscher Bauernverband, declaró que el acuerdo es «totalmente desequilibrado» y que pondrá en peligro «muchas explotaciones agrícolas familiares».

«Unas semanas después de las elecciones europeas, es inaceptable la firma de un acuerdo Mercosur-UE que expondrá a los agricultores europeos a una competencia desleal y a los consumidores a un engaño total», tuiteó la jefa del primer sindicato agrícola francés, FNSEA, Christiane Lambert.

El acuerdo, uno de los más importantes del mundo, pues afectará a 770 millones de personas e implicará un cuarto del PIB mundial (18 billones de euros), ha generado fuertes dudas sobre su aplicación.

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En este contexto tenso, la necesaria aprobación de los 28 Estados miembros y del Parlamento Europeo parece más incierta que nunca.

A ellos se suma la carta abierta que firmaron recientemente 340 oenegés europeas y sudamericanas, incluyendo Greenpeace y Friends of the Earth, en la que criticaban las negociaciones en otros dos frentes: el medio ambiente y los derechos humanos, debilitados por la política del presidente brasileño Jair Bolsonaro (ultraderecha), según ellas.