En la ARB no es extraño que se hable con naturalidad de “madera plástica” porque es la apuesta más reciente de los recicladores arropados bajo el paraguas de la Asociación para seguir creciendo y, con ello, abrir otros frentes que les permitan mejorar su calidad de vida.

Lo que para otros “no sirve para nada” -plásticos flexibles, que son los envoltorios de ‘snacks’, y otros como bolsas de supermercado, materiales para limpieza, tapas de botella o vasos desechables, entre otros- son transformados en más de veinte productos.

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La transformación de plástico en madera la hacen en una planta que tienen en el barrio El Libertador, en el sur de Bogotá, donde trabajan dieciséis personas y es administrada por Angélica Rincón.

“Este es el corazón de todo lo que tiene que ver con la transformación de plásticos en madera plástica”, cuenta a Efe Rincón, mientras exhibe un catálogo de productos que han ido desarrollando y que buscan comercializar.

“De momento solo los vendemos directamente, pero más adelante pensamos que podemos hacerlo con alianzas con otras empresas y lo que buscamos es lograr fabricar madera plástica con medidas estándar que se pueda utilizar en la construcción y otras industrias”, puntualiza.