La cifra de muertos en Mozambique y Zimbabue ascendió a más de 600 por el ciclón que azotó el sur de África, inundando miles de kilómetros cuadrados, mientras la ONU pedía más ayuda para los sobrevivientes.

El ciclón Idai, que arrasó con Mozambique y luego Zimbabue, dejó en estos países vecinos 676 muertos y afectó a cientos de miles de personas, que han perdido sus casas o sus cosechas.

El feroz ciclón impactó en la costa del centro de Mozambique, desatando vientos huracanados y lluvias que inundaron el interior y anegaron el este de Zimbabue dejando un rastro de destrucción.

La ONU, que advirtió del sufrimiento en la zona, pidió más ayuda en Mozambique mientras las agencias de asistencia luchan por ayudar a decenas de miles de supervivientes.

El ministro de Medio Ambiente mozambiqueño Celso Correia estimó que la zona afectada por el desastre cubre una superficie de 3.000 km2 y dio un nuevo balance que subió de 293 muertos a más de 400.

«Hasta ahora tenemos 417 muertos y 1.528 heridos», declaró Celso Correia a la prensa en Beira (centro), la segunda ciudad del país, que resultó en parte devastada por el ciclón Idai.

«Es un desastre natural sin precedentes. La zona afectada (en Mozambique) es de unos 3.000 km2», estimó Celso Correia.

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Tras la limpieza de los grandes ejes y el rescate de personas aún bloqueadas en las zonas inundadas, «la próxima etapa es tener acceso al agua potable, porque lo que nos esperan son enfermedades», declaró el viernes a la AFP la directora de Unicef, Henrietta Fore, que viajó a Mozambique para analizar los estragos. 

«El tiempo apremia, estamos en un momento crítico», advirtió desde la ciudad de Beira (centro), en parte devastada por el ciclón.

Fore expresó su preocupación por «el agua estancada y la llegada de mosquitos» y habló de «cuerpos descompuestos y falta de higiene y de instalaciones sanitarias».

«En Beira ya se registraron casos de cólera y las infecciones de malaria se multiplican», subrayó la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja.

«Las enfermedades respiratorias también amenazan con ser un problema sanitario. En el interior de las casas sigue lloviendo y para las personas sin hogar acogidas en escuelas o iglesias el confinamiento favorece la transmisión de estas enfermedades», advirtió por su parte Médicos Sin Fronteras (MSF).

Las agencias de la ONU y las oenegés se esfuerzan por socorrer a las personas desplazadas y hambrientas, pero el reparto de ayuda es caótico.

«La magnitud de la situación va mucho más allá de lo que puede hacer un país o un gobierno», explicó Gerry Bourke, portavoz del Programa Mundial de Alimentos (PAM).

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