Vecinos de una finca que el Ministro de Agricultura tiene en Subachoque, a una hora de Bogotá, atribuyen su falta de agua a los trabajos en la finca del Ministro. A su padre le fue incautada una bomba que sacaba agua del río y la finca de él está mucho más verde que la de sus vecinos, en su mayoría amarillas.

El Ministro sostiene que su finca está más irrigada que las vecinas, debido a sus medidas de precaución, a las inversiones que ha hecho y a las licencias que consiguió hace 15 años, para que el agua no faltara ni siquiera en las peores sequías. Él abrió y cerró las llaves del nacimiento y de los pozos profundos que tiene licenciados, para demostrar que el agua que tiene nació en su finca… Y frente a la incautación que se le hizo a su papá, dijo que muy bien hecho, porque el agua es de todos.

Los agricultores de la Sabana Occidental, en Subachoque, a media hora de Bogotá, están buscando agua desesperadamente.

En la vereda Canica Baja hay producción de fresa, papa, alcachofa, maíz, legumbres, pastos biches para ganado y reservorios para la cría de truchas. Pero el agua no está alcanzando para todos y unos acusan a otros de acapararla.

Varios enfocan sus reclamos en el hecho de que mientras sus vecinas están secas y amarillas, la fina Cantabria está verde y su ganado sano y feliz.

Para los quejosos es notable que el dueño de la finca más verde sea el Ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri.

La alcaldía ha recibido las quejas y visitó con los campesinos y la Corporación Autónoma la ronda del río Subachoque y la quebrada Los Colorados, que abastece al acueducto.

En la diligencia también se incautó esta motobomba, que estaría instalada cerca de la finca del papa del ministro, que queda XX de la de su hijo, cerca al páramo.

Los vecinos sospechan que el agua que llena la laguna en la finca Cantabria sale del río e impide que los demás puedan irrigar sus cultivos.

Al ministro lo identifican como el más notable entre los dueños de las fincas, que a pesar de la sequía permanecen verdes.

Pero aún es temprano para atribuirle una responsabilidad por el eventual fracaso de la cosecha de sus vecinos.