La hacienda Las Pavas sigue siendo el caso más emblemático de restitución de tierras. Los campesinos que litigan contra empresarios están tan asediados por hombres armados como hace décadas, a pesar de que el Estado los ha respaldado con sus decisiones.

Hace ya ocho años que se reconoció la posesión legítima a 123 familias de campesinos, pero las balas, los incendios y las armas han acompañado las apelaciones de la empresa.

“…Son un modelo, como pocos, de resistencia pacífica ante la acción de los violentos”. Con este mensaje el presidente Juan Manuel Santos elogió, el pasado 13 de noviembre, a 123 familias campesinas que ganaron el Premio Nacional de Paz por sus reclamaciones jurídicas y pacíficas de las tierras de la hacienda Las Pavas, en el municipio del Peñón, sur de Bolívar. Tierras cuya propiedad también se disputa Aportes San Isidro.

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Pese a los reconocimientos, fallos judiciales, respaldo de autoridades locales y nacionales, los labriegos no han podido evitar las agresiones físicas que provienen de personal de seguridad de Aportes San Isidro, como ocurrió el 28 de mayo de este año cuando dispararon contra un tractor que transportaba campesinos hacía sus ranchos en Las Pavas.

Aunque la Superintendencia de Vigilancia suspendió provisionalmente a la firma de escolta de la empresa, los ataques contra los campesinos no cesaron.

Ranchos y sembradíos de pan coger quemados, animales heridos y campesinos señalados como guerrilleros han marcado la hostilidad en contra de los labriegos.

Los 450 campesinos que componen el grupo de Las Pavas fueron reconocidos por el Gobierno este año como víctimas de desplazamiento y la violencia, lo que despeja las dudas de quienes han querido hacerlos ver como guerrilleros que quieren adueñarse de las tierras.

Al parecer la autoridad del estado colombiano no llega a la Hacienda puesto que los campesinos continúan siendo asediados. El último incidente ocurrió cuando un encapuchado que manejaba un tractor, llegó acompañado por un Teniente de la Policía, hecho que fue interpretado como una advertencia y una provocación.