El Consejo de Seguridad de la ONU discutió por primera vez este jueves la crisis del COVID-19, con un amplio respaldo a la tarea que el jefe de Naciones Unidas, António Guterres, está llevando a cabo y llamamientos a vigilar el impacto de la pandemia en la paz, la seguridad y los derechos humanos.

Criticado por su parálisis inicial, el máximo órgano de decisión de la ONU se decidió por fin a abordar el coronavirus y lo hizo en una reunión privada y celebrada por videoconferencia, que es como está operando de forma regular en los últimos días.

La cita fue solicitada por un grupo de miembros no permanentes, después de que las diferencias entre Estados Unidos y China frenaran cualquier movimiento en los primeros compases.

En la reunión participó Guterres, que insistió en que el mundo se enfrenta «a su prueba más difícil desde la fundación» de Naciones Unidas e hizo un llamamiento a la unidad de la comunidad internacional.

Según el portugués, además de una enorme crisis sanitaria y económica, el coronavirus puede tener un impacto claro en la paz y seguridad, el ámbito competencia directa del Consejo de Seguridad, al que pidió que se involucre.

Guterres, cuyo discurso fue difundido por la ONU, destacó que la enfermedad y sus consecuencias pueden llevar a un aumento del malestar social y de la violencia, lo que podría minar los esfuerzos para combatir el virus.

También advirtió del peligro de que grupos terroristas vean una oportunidad para atacar, que tengan acceso a cepas para usarlas como arma biológica, que se frenen procesos de paz en curso o que aumenten las violaciones de los derechos humanos bajo la excusa de frenar la enfermedad.

De entrada, países como China se han mostrado reacios a que el Consejo de Seguridad entre de lleno a tratar el coronavirus, al considerarlo principalmente una emergencia sanitaria, mientras que otros Estados miembros insisten en que es necesario afrontar las ramificaciones que puede tener a otros ámbitos.

«Esta pandemia es un asunto de paz y seguridad», defendió en ese sentido el embajador alemán, Christoph Heusgen, uno de los promotores de la reunión de este jueves, en la que varios países subrayaron la necesidad de actuar de forma coordinada y con solidaridad ante este enemigo común.

«Este virus no conoce fronteras», señaló la embajadora estadounidense, Kelly Craft, quien aprovechó la reunión para reclamar «completa transparencia» y que se compartan a tiempo con todo el mundo informaciones sobre la enfermedad, en un mensaje claramente dirigido a China, a quien Washington acusa de haber tapado detalles y haber retrasado la respuesta global.

Los 15 miembros del Consejo de Seguridad no fueron capaces de ponerse de acuerdo en una declaración al término del encuentro, aunque aún podrían consensuar un mensaje más adelante.

A título individual, varios países alabaron el trabajo de Guterres, advirtieron de los riesgos en materia de seguridad y para los derechos humanos que plantea la pandemia y reclamaron unidad y coordinación a todo el mundo.