Su nombre real es Sture Ragnar Bergwall, pero en toda Europa se le conoció como Thomas Quick. Su historia es tan asombrosa como triste. Entre 1991 y 2003, Quick fue juzgado por ocho crímenes y condenado a varias decenas de años de prisión, todo tras haber confesado, él mismo, no solo esos sino 39 asesinatos más.

Sus confesiones eran terribles: contaba de manera detallada de qué manera había matado a mujeres, hombres y niños; reconoció que había violado, mutilado y desmembrado a algunas de sus víctimas e incluso alguna vez habló de canibalismo.

A comienzos de los años 90, sus palabras traían a la memoria de millones al personaje de Hannibal Lecter, de la película ‘El silencio de los inocentes’, por eso su caso se hizo tan llamativo y hasta fascinante para la prensa, la policía y los terapeutas criminales. Ese detalle fue decisivo a la hora de desvelarse, en el 2013, la farsa detrás de Quick. El hombre nunca mató a nadie, todo lo inventó.

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El tema vuelve a la actualidad por cuenta de ‘Quick’, una película que se estrenará en Suecia y Noruega este viernes y que narra la retorcida trama que llevó a un hombre a autoincriminarse por los delitos más terribles, y la proeza de dos periodistas que descubrieron la mentira y convirtieron el caso en “el mayor error judicial en la historia de Suecia”, como lo reseña la BBC.

La cadena británica habló con Jenny Küttim, colaboradora en la investigación del periodista Hannes Råstam, fallecido, y ella le contó detalles de la naturaleza de Quick y de su vida actual en libertad.

Quick tiene 70 años, vive tranquilo con poco dinero en un lugar desconocido fuera de Suecia. Todas las condenas por asesinatos que se atribuyó fueron desechadas por la justicia.

¿Por qué lo hizo?

Thomas Quick siempre fue un mentiroso profesional, compulsivo. La mujer lo describe como “la oveja negra de su familia”, pues nunca se destacó en nada importante y su vida se le había ido entre el consumo de drogas, el alcohol, la difícil aceptación de su homosexualidad y los tocamientos indebidos a menores mientras estaba bajo el abuso de sustancias.

Su vida cambió en 1991, cuando armado con un cuchillo intentó robar un banco disfrazado de Papá Noel para comprar más drogas. Fue capturado y pidió que lo internaran en una prisión psiquiátrica, por ello fue a dar a Säter, una clínica de alta seguridad en la que Quick pretendía encontrar la paz y entender su homosexualidad.

Pero en la clínica, la psicoterapeuta Margit Norell adelantaba experimentos para entender la mente de los criminales y para ello empleaba terapias basadas en las memorias reprimidas, una teoría clásica de Sigmund Freud. Mediante preguntas, los profesionales intentaban recabar información perdida a través de vivencias del pasado para entender, por ejemplo, cómo una persona podía llegar a asesinar a 39 personas.

Una de las escenas de ‘Las Confesiones de Thomas Quick’, un documental basado en el caso que se estrenó en el 2015

La cuestión es que Quick era un tipo normal, sin ningún talento y menos audacia criminal, por eso no había una historia relevante o una vivencia interesante para contar. Además, Quick quería permanecer en la clínica pues le suministraban drogas psicotrópicas y calmantes a los que se volvió nuevamente adicto. La única manera de conservar su adicción y evitar la prisión regular era mentir, inventar historias que los médicos quisieran escuchar.

Su afición por la lectura de periódicos y las noticias lo llevó a recordar detalladamente todos aquellos crímenes que no se habían resuelto en los últimos años, y decidió atribuirse la autoría a sabiendas de complacía a los terapeutas.

Una de las escenas de la película basada en el caso que se estrenará este 20 de septiembre / https://hotinfonow.com

Las mentiras, una bola de nieve

Para ayudarle a ‘recordar’, los terapeutas le pasaban libros de asesinos en serie, como «American Psycho», artículos de periódicos… Además, en los primeros años Quick tenía permiso para salir de Säter y acudía a las bibliotecas públicas de Estocolmo y allí leía en los periódicos noticias sobre asesinatos”, le dijo la investigadora Jenny Küttim a la BBC.

Pero los terapeutas no aguantaron la tentación de presentarles informes a la Policía. Pronto, las confesiones de Quick dejaron de ser del sumario médico a convertirse en pruebas judiciales contra él. 

La investigación se basó primordialmente en sus testimonios y se generó entre los policías y psiquiatras una especie de morbo que pronto se trasladó a los medios y a la población sueca: la perversa fascinación de conocer de cerca las palabras de un asesino en serie, el peor de su historia.

A pesar de que Quick dio instrucciones, claramente falsas, sobre dónde podían encontrar los restos de sus supuestas víctimas, y que desde luego nunca encontraron ningún cadáver, fue condenado por seis tribunales suecos en ocho casos de asesinato.

Foto: Sven Erik Røed/NTB scanpix

Los dos investigadores encontraron que los crímenes eran demasiado perfectos y decidieron investigar. Lo que encontraron fue a un hombre inocente que había inventado toda una historia para conseguir drogas. Escarbaron en su historial médico y luego consiguieron que el mismo Quick los ayudara a revelar la verdad. «¿Qué puedo hacer si yo no he cometido esos asesinatos? ¿Estoy atrapado?», le dijo la investigadora a la BBC.

Era tal la inercia por encontrar culpable a Quick que quienes participaron en la investigación oficial eran expulsados si sus hallazgos apuntaban a inconsistencias o si acopiaban pruebas que reforzaban la inocencia del hombre. “Por ejemplo, agentes que cuestionaron cómo era posible que Quick hubiera empleado 13 formas de asesinar diferentes, algo insólito en un asesino en serie, y fueron apartados de la investigación”, recuerda la investigadora.

Foto: NTB SCANPIX

Cuando la verdad salió a la luz con la investigación, en Europa y en todo el mundo se revivió el debate de las falsas confesiones. Una de las posturas de los investigadores apunta a que Quick en realidad es en parte una víctima de los métodos tendenciosos de los terapeutas, y no les falta razón, de todas formas, las mentiras de Quick tuvieron un costo altísimo. 

La investigadora cuenta que Quick no consume drogas hace 16 años, que vive tranquilo pero con un gran arrepentimiento, pues ninguno de los casos cuya autoría se atribuyó fue resuelto. Sus mentiras desviaron esas y otra decena de investigaciones, lo que desembocó en impunidad hasta el día de hoy para los familiares de las víctimas. “Destruyó sus vidas”, dice la investigadora.

Los cambios que provocó el caso Quick son, sobre todo, judiciales. Ahora cada caso por homicidio en Suecia tiene dos fiscales, pero en materia científica y terapéutica no hubo reformas considerables. Las confesiones falsas o debido a presiones son comunes en todo el mundo. Hay allí un vacío escabroso pero posible: cualquier persona puede convertirse en culpable de los crímenes más atroces si se lo propone.

La película se estrenará el próximo 20 de septiembre y se espera que esté disponible en las carteleras del mundo antes de 2020.