La solución al problema de drogas ilícitas que plantea el punto número 4 del acuerdo final para la terminación del conflicto armado, fue recibida con escepticismo por líderes indígenas de Caloto, Cauca, quienes interpretaron lo pactado en contravía de sus intereses.

Nelson Pacue, gobernador del resguardo indígena de Huellas, señaló que al ser cultivos sagrados para los aborígenes la coca y la marihuana son imposibles de erradicar.

Sin embargo, se comprometió a trabajar para que cada familia tenga el número de plantas acordadas en La Habana.

El incremento de hectáreas de coca y marihuana en el Cauca, según su visión, es producto del desempleo y la ausencia de una política social que ayude a las indígenas. James es raspachín desde los trece años.

Publicidad

El acuerdo plantea, además de la creación del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, que se le brindará asistencia alimentaria, equivalente a mercados y bonos, para que raspachines como James cambien de oficio.

Asimismo, el acuerdo dice que los indígenas deberán ser beneficiados con proyectos de generación de ingresos, como cultivos de ciclo corto, piscicultura, avicultura, entre otros, que además puedan alimentar a las propias comunidades.