Uno de los detractores de la ley de restitución que Alejandro Ordóñez respalda como comprador de buena fe se hizo dueño de las tierras en las que se perpetró la masacre de Tokio, en 1995, sólo dos meses después de que ésta fuera perpetrada.

Los reclamos de las víctimas de la masacre han sido imposibles a pesar de que la justicia les dé la razón, porque éste, el procurador y otros se han opuesto a la ejecución de las sentencias.