No solamente el paseo a Panamá tiene al contralor de Boyacá, Pablo Gutiérrez, en el ojo del huracán. Una demanda que interpuso en el pasado podría complicar su futuro.

Todo comenzó en 2011, cuando el hoy contralor de Boyacá, Pablo Gutiérrez, ejercía como abogado; en ese año, demandó al hospital regional de Tunja, en representación de varios empleados que pedían el pago de algunas prebendas laborales. En enero de 2016, cuando fue elegido como contralor de Boyacá, el abogado Gutiérrez cedió el poder de la demanda instaurada contra el hospital a su padre, el también abogado Jaime Gutiérrez, quien obtuvo un fallo favorable y logró que el hospital de Tunja le pagara en tiempo récord una suma superior a los trescientos millones de pesos.

Y aquí comienzan las complicaciones: resulta que el hospital de Tunja es sujeto de control y vigilancia por parte del contralor Boyacá, Pablo Gutiérrez, quien al postularse para el cargo que hoy ostenta nunca informó de la demanda que había instaurado en 2011 como abogado y cuyo trámite continuó su padre. Pudo haber incurrido en un conflicto de intereses por no declararse impedido para actuar en un asunto en el cual intervenía y podría ser beneficiado un pariente suyo en primer grado de consanguinidad, como lo es su padre.

Nuestro querido contralor de Boyacá anda pues metido en grandes líos.