Una semana después de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos volvió a sentir terror porque sobres con Ántrax fueron distribuidos en varios despachos oficiales. Hoy se sabe que no había terroristas, sino contratistas, detrás de tales atentados.

Ese pánico sirvió para un científico consiguiera un contrato con el Pentágono, pero él fue quien distribuyó las cartas. Y cuando estaba a punto de ser descubierto, se suicidó.

Los ataques con ántrax que se produjeron después del 11 de septiembre de 2001 no son un acto de Al Qaeda sino de un auto-terrorismo.

Las investigaciones de FBI comprueban que esta peligrosa infección que empezó circular  por  Florida y New York en las cartas, salió de los laboratorios de la base militar de Fort Detrich en Washington, en donde se llevaba acabo las pruebas de la vacuna.

Luego de investigar varios de los científicos de biodefensa, finalmente fue acusado el Doctor Bruce E. Ivins quien en el ano 2004 cerro un contrato con el Estado por 870 millones de dólares para producir vacunas contra ántrax.

El sábado pasado le fueron presentados sus cargos de 5 asesinatos y 17 lesciones por las cuales podría ser condenado a la pena de muerte. Doctor Bruce Ivins decidió quitarse la vida.

Así el otro argumento que utilizaba el presidente norteamericano George Bush para promover su guerra en Afganistán y posteriormente en Iraq quedó desvirtuado.

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