El jefe del Cartel de Sinaloa, Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, es la versión contemporánea de quien fuera el mayor productor y distribuidor de cocaína en el mundo: el colombiano Pablo Escobar Gaviria, jefe del cartel de Medellín hasta diciembre de 1993 cuando fue abatido.

Los dos se inventaron cinematográficas fugas. ‘El Chapo’ por un túnel de kilómetro y medio en la prisión de Altiplano en México, en julio de 2015, y Escobar tirando una pared falsa y atravesando los bosques de Envigado en la cárcel de La Catedral en julio de 1992.

A ‘El Chapo’ y a Escobar no solamente los caracterizaron sus riquezas, calculadas por la revista Forbes en miles de millones de dólares, sino también haber creado escuadrones de sicarios que acabaron con las vidas de periodistas, jueces, fiscales y políticos que denunciaron a sus imperios mafiosos.

“‘El Chapo’ ya es un capo de nueva era, de una era más trasnacional del crimen organizado y de un nivel de relacionamiento político más allá de sus fronteras mexicanas”, afirma León Valencia, analista político.
Del mismo modo, tanto al jefe del Cartel de Medellín como al de Sinaloa les pareció la idea de comprar políticos para que promovieran la defensa de su ilícita causa.

Los dos capos llegaron al extremo de poner en jaque no sólo a sus dos natales países sino a los Estados Unidos. Guzmán y Escobar le temiendo a su extradición a ese país; el primero será procesado en Norteamérica y el segundo negoció para no ir. Estados Unidos ofreció hasta 6 millones de dólares por dar con el paradero de los dos jefes máximos del narcotráfico en la historia.