Hasta hace algunos años, el nombre de Mia Khalifa ocupaba los titulares de los sitios de entretenimiento y paparazzis, pero cada vez más, ha venido escribiéndose en los portales y periódicos más prestigiosos del mundo. Su figura mediática ha venido cambiando.

La chica de aspecto inocente e ingenuo, cuando apenas tenía 21 años, se convirtió en un símbolo mundial de la industria del porno prácticamente sin proponérselo. Alguien le dijo que «era muy bella» y que si quería modelar, pero en el primer acercamiento nunca mencionaron las escenas para adultos.

Solo trabajó para algunos pocos videos en un periodo muy corto a finales del 2014. Lo que comenzó como una travesura que quería guardar en secreto se convirtió en un fenómeno imparable que nunca pudo contener. Su fama se le salió de las manos.

Su primera escena, según datos del Washington Post, es una de las más memorables de la pornografía moderna. Mia Khalifa, nacida en Beirut, Líbano, en 1993, aceptó la invitación de los productores de Bang Bros, que alquilaron un apartamento por Airbnb y tuvo sexo ataviada con un hiyab en la cabeza. La escena le trajo una enorme fama y, desde luego, una cadena de amenazas por parte de los simpatizantes del Estado Islámico. También el rechazo de su propia familia.

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Inseguridades y una terrible decisión

“Quería tener un secreto sucio y ser rebelde. Me sentí sexy por primera vez en la vida”, le dijo al reportero del Washington Post para explicar que su origen étnico le había traído problemas de autoestima y sobrepeso durante su niñez, como inmigrante en Estados Unidos.

“En mi primer año de universidad, empecé a perder mucho peso al hacer pequeños cambios. Y para cuando me gradué, estaba lista para marcar la diferencia. Me sentí muy cohibida por mis senos, porque eso fue lo primero que perdí cuando bajé casi 50 libras (22,6 kg)”, dijo en una entrevista reciente.

Desde ese momento ha sufrido por no poder salir a la calle, y siente que vive en constante vergüenza y miedo. Para el momento en que grabó su primera tanda de escenas también trabajaba como asistente legal y fue inevitable que sus compañeros de oficina le preguntaran “No eres tú la de…”. Pasó por varios trabajos, incluso por programas deportivos, y ahora trabaja con desarrolladores de apps. Pero la fama la persigue. “Todavía hay millones de personas que creen que no he hecho sino porno durante los últimos cinco años”, se lamenta.

Su lucha contra un monstruo: la industria

Han pasado cinco años y lo que no ha cambiado es el dominio de las webs porno por sobre todas las demás: es la industria que más factura en internet. El sitio web PornHub, uno de los más populares, publicó sus estadísticas del 2018 y los números son para dejar caer la mandíbula: su página tuvo 33,5 miles de millones de visitas, es decir que diariamente la visitaban unas 92 millones de personas, mucho más que toda la población de Alemania. Además, se vieron un millón de horas de video y se hicieron 30 mil millones de búsquedas. En ese mar de reproducciones, Mia Khalifa tiene 784 millones de visitas en PornHub.

Hace apenas una semana la sección de negocios del Washington Post publicó un elocuente reportaje sobre cómo la billonaria industria del porno se queda con las ganancias de los rodajes, la mayoría en manos de los productores, y cómo los actores y actrices que hacen el ‘trabajo sucio’ apenas pueden ‘oler’ algo de ese dinero, entre ellos la exactriz Mia Kalhifa, la mujer más buscada en las webs para adultos.

La mujer volvió a ser noticia, después de años de anunciar e insistir en que ya no trabaja en la industria del porno, cuando confesó en Twitter que por una docena de videos que hizo en tres meses recibió apenas unos 12 mil dólares (unos 25 millones de pesos de la época) y que, a pesar de que sus videos están entre los más vistos, nunca volvió a recibir un solo centavo. 

Mia Khalifa volvió a las pantallas esta semana, también, en el programa de entrevistas Hard Talk de BBC, en el que confesó que ha sido perseguida por el Estado Islámico, incluso le robaron su cuenta de instagram con 16 millones de seguidores, que usaba para obtener ingresos como influencer.

La popularidad de Mia Khalifa ha sido incluso usada para difundir noticias falsas y de sátira en Colombia. Durante un tiempo, fue mencionada como la ‘hija de Petro’, al punto de volverse un meme.

En la entrevista también recuerda la cantidad de intentos infructuosos por borrar su huella digital asociada a las páginas porno. No está conforme con los resultados de Google y no ha podido conciliar -ni siquiera legalmente- con Wikipedia para que bajen su biografía de internet.

La paradoja, como ella misma reconoce, es que todos los días hay miles de mujeres que hacen videos para adultos y nadie sabe quiénes son: “Nadie sabe quiénes son. Nadie las reconoce así. Quería hacerlo como mi pequeño y sucio secreto, pero me explotó en la cara”, dice en uno de los apartes de la entrevista.

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Arrepentida y con secuelas

No quiere mostrarse como víctima, pero deja claro que sus reservas tienen que ver más con el ‘cómo’ que con el ‘qué’: “Tomé mis propias decisiones, a pesar de que fueron decisiones terribles. Creo que algo debe cambiar en la forma en que se aborda a las mujeres, incluso si solo se les acercan”, reconoció.

Por estos días celebra tomarse fotos sin maquillaje o retoques fotográficos.

La situación de las actrices es seria, eso quedó demostrado tras una seguidilla de cinco suicidios de ‘pornstars’. A la pregunta sobre si cree que sufre de estrés postraumático por su experiencia en el porno, Khalifa reconoce que sí, especialmente cuando sale a la calle: Siento que la gente puede ver a través de mi ropa y me da mucha vergüenza y me hace sentir como si hubiera perdido toda mi privacidad”, dijo, y les aconsejó huir y “usar gas pimienta” a las chicas que pudieran estar a punto de ser ‘reclutadas’.

Mia Khalifa concluye que después de hacer un balance de su vida, tras cinco años de fama no deseada, se arrepiente: “Ninguna cantidad de dinero valdría la pena (…) Lo único que quiero es que la gente deje de verme desnuda”.