El columnista Daniel Coronell encontró en un archivo olvidado la prueba de que el coronel y parapolítico Hugo Aguilar también se robó la pistola de Pablo Escobar.

“La pistola de Pablo yo la cambié. Yo hice dos cosas: paré el reloj, lo quité y lo entregué mediante un oficio (…) eso reposa en el museo de la Policía y la pistola sí se la cambié. Por la historia de la pistola yo la conservo. Yo tenía la pistola que yo tenía, y yo se la tiré a él y yo cogí la pistola de él. Yo la conservo”, indicó Aguilar.

El archivo hacía parte de un documental que el Grupo Prisa grabó en 2002 y nunca editó sobre la vida del capo y hace parte de los activos transferidos a Portugal por sus socios.

Los registros oficiales dan cuenta de que Pablo Escobar la entregó a Carlos Gustavo Arrieta cuando el capo se internó en la “cárcel” de La Catedral y que el entonces procurador ordenó incluirla en el acta de entrega, pero también se sabe que el capo la llevaba consigo cuando escapó.

El fetiche se valorizó en el bajo mundo, cuando el hijo del capo publicó su apología del delincuente y aseguró que, siendo niño, su papá le dijo que con esa pistola Glock, de proveedor reformado, sólo dispararía a los demás 13 balas, porque reservaría la última para sí mismo cuando lo fueran a capturar.

Como la lanza del centurión Longines, que perforó el costado de Jesús, los brujos de la mafia sostienen que el arma de Escobar aumenta la capacidad criminal de su tenedor.

Aguilar da a entender que la tomó como trofeo de su triunfo sobre Pablo Escobar, pero está claro que él no mató al capo, sino que posó profanando el cadáver, luego de que alguien más lo hiciera: un agente de la CIA, Carlos Castaño, un hermano de alias Don Berna y un miembro de la Policía cuyo nombre sigue en el misterio aún después de que el actual vicepresidente, General Óscar Naranjo, se refiriera al episodio en su libro biográfico.

El hecho es que ni siquiera el arma con la que Aguilar suplantó el fetiche del capo llegó a la Policía como él lo asegura, pues el director del museo en el que se conservan el reloj y la otra pistola del capo, sostiene que a sus inventarios nunca llegó una segunda pistola.