Los damnificados por el invierno en los departamentos de la Costa sobrepasan los 100 mil.

El problema es el mismo de siempre, al punto que muchos habitantes ya se acostumbraron a pasar dos meses del año con el río dentro de las casas.

En los corregimientos de San Pelayo y Lorica, en Córdoba, ya se acostumbraron a permanecer en medio del agua.

Para ellos cada año por está época las aguas de los ríos San Jorge y Sinú los acompañan por largo tiempo y saben que no les queda de otra, más que aprender a vivir todo el tiempo mojados. Aunque no a todos les guste.

En estos caseríos, por cuenta de las lluvias, el único medio de transporte durante la mayoría del año son las canoas. O en su defecto cualquier cosa que flote y que sirva para movilizarse por lo que se supone antes eran calles.

La misma situación viven en el corregimiento de Cotorra, aquellos que todavía no han sido evacuados. Pues descansar sobre el agua, y cocinar en improvisados fogones flotantes, tampoco parece ser un problema.

Sin duda, para quienes habitan a orillas del río Sinú, todo es cuestión de costumbre. Sino que lo digan las aves a las que les tocó cambiar sus corrales por los techos de las casas, al menos mientras el nivel del agua baja.

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En San Bernardo del Viento, donde ya hay más de 300 hectáreas de cultivos inundados, sus habitantes le hacen frente al invierno  a ritmo de vallenato.

Haciendo todo lo posible para que el río no se le siga, como dicen por estas tierras, “metiendo al rancho”.