Desde hace 30 años el centro educativo Judge Rotenberg, ubicado en Canton, Massachusetts, castiga a sus alumnos con trastornos emocionales o problemas de aprendizaje mediante choques eléctricos, y aunque la defensa de algunos padres a esta técnica levantó críticas, la polémica se centra en la decisión de un juez de avalar este método como terapia escolar.

La institución utiliza el tratamiento cuando los alumnos están en riesgo de hacerse daño a sí mismos o a sus compañeros, sin embargo, un video registrado hace unos años, donde se ve a un menor recibir descargas eléctricas durante siete horas, evidencia que el método llegaba al límite de la tortura.

Los estudiantes tienen atado a las piernas un dispositivo de descarga eléctrica gradual que mediante un control remoto es activado por los profesores cuando consideran que merecen un castigo.

Organizaciones defensoras de los derechos de personas con discapacidad rechazan la medida que puede llegar a causar quemaduras, complicaciones cardiacas y estrés postraumático, pues las descargas alcanzan los 45,5 miliamperios de electricidad.