La Acrópolis desierta, las taquillas vacías y un silencio total: la imagen parece irreal para un mes de agosto en Atenas, que enfrenta la “peor ola de calor” en más de 30 años, según su primer ministro.

La calle Dionysiou Areopagitou, al pie del monumento y normalmente llena de turistas en esta temporada, pocos son los que, con un sombrero, desafían las temperaturas caniculares en este comienzo de agosto.

 

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El mercurio ya roza los 40ºC el lunes a mediodía, cuando los últimos visitantes se adentran detrás de las rejas de la Acrópolis, antes del cierre de sus puertas. Sólo algunas notas musicales permanecen en el aire, provenientes de un músico callejero, que se protege del calor con la sombra de un edificio.

Se esperaban máximas de 43ºC en Atenas y de 45ºC en otras regiones de Grecia.

La Acrópolis cerró el lunes entre las 12:00 a 17:00 pero, a partir del martes, los turistas encontrarán las puertas cerradas todas las tardes -hasta el viernes- de la totalidad de los sitios arqueológicos al aire libre en Grecia, anunció el ministerio de Cultura.

 

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Acompañados con el canto de las cigarras, un puñado de turistas caminan a la sombra de los olivos cerca de la Acrópolis e intentan entrar en el sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

“Esperaremos el final de la tarde para regresar”, declara el alemán Frank Meye. “Encontraremos otra cosa para hacer mientras tanto”, añade.

A pocos pasos, el museo de la Acrópolis, promete aire acondicionado y viajar en el tiempo. Un centenar de personas, abanicándose con lo que encuentran, esperan delante de la puerta de entrada, bajo un sol de plomo.

“Dios mío”, exclama Mary Cooper, recién llegada de Inglaterra con unas amigas. “No me esperaba que hubiera tanta gente”, confiesa a la AFP. Después de unos segundos de reflexión, el grupo decide ponerse en la cola.

 

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A pocos metros, un hombre, con la frente sudada y botellas de agua en la mano, se mezcla con la multitud para unirse con su familia. “No decidimos realmente visitar el museo ahora, pero igual hubiésemos venido, y como la Acrópolis está cerrada…”, declara Mathieu Rodríguez, un turista francés que lleva veinte minutos en la cola.

Amenaza climática

Desde el jueves, Grecia está atravesando un período de calor que debería alcanzar un máximo lunes y martes y durará hasta el jueves, según las previsiones meteorológicas.

“Nos enfrentamos a la peor ola de calor desde 1987”, advirtió el primer ministro Kyriakos Mitsotakis, instando a los griegos a “limitar su consumo eléctrico” para evitar un apagón general.

En julio de 1987, una ola de calor había causado más de 1.000 muertes.

Debido al sol abrasador, el fin de semana se declararon varios incendios en Grecia, sin causar víctimas, en particular en la isla de Rodas y en el noroeste del Peloponeso.

Ambos incendios estaban “en retroceso” el lunes, pero los bomberos todavía intentaban controlarlos.

Decenas de aldeas y hoteles también han sido evacuados en la vecina Turquía, ante el aumento de los incendios que se producen desde hace seis días y que han causado ocho muertos.

Varias regiones de Italia y España también se enfrentan a temperaturas más altas y a un mayor número de incendios que de costumbre.

“Estamos en una fase de descalabro climático absoluta”, deploró el viceministro griego de Protección Civil, Nikos Hardalias.

“En julio tuvimos 1.584 focos de incendio contra 953 en 2019”, indicó en la televisión local, estimando que “ya no se habla de cambio climático sino de amenaza climática”.