Por regla general, la comunidad que se ha vacunado contra el COVID duda sobre los posibles efectos de salud a largo plazo o algunas consecuencias aún no detectadas.

Sin embargo, esto no es tan cierto como se suele asegurar: un artículo publicado por la revista Science analiza un buen número de variables en torno a la posibilidad de que las personas vacunadas respondan a un ‘efecto colateral’ del biológico aplicado.

Entre los datos entregados está la declaración de Brianne Dressen, una exprofesora de preescolar en Utah.

En 2020, Dressen empezó a compartir ‘tiempo en línea’ con personas que empezaron a experimentar COVID prolongado, una secuela crónica del virus.

Dressen se interesó por recopilar información científica de la patología, sumado a recoger declaraciones de personas que relataban sus experiencias con respecto al trastorno.

Conozca más: Hombre da positivo para COVID 78 veces y lleva más de 14 meses aislado

‘La cura, más cara que la enfermedad’

Brianne Dressen, que para ese entonces no se había contagiado, recibió una vacuna de AstraZeneca como parte de un ensayo al cual ella accedió voluntariamente.

La mujer empezó a experimentar varios efectos adversos: su visión se volvió borrosa, su audición se distorsionó; su ritmo cardiaco empezó a acelerar y sus músculos empezaron a sentir debilidad. A Dressen se le diagnosticó ansiedad.

Su esposo, que es químico de profesión, empezó a investigar estas causas para tratar de entender los efectos que la vacuna causó en su esposa. En medio de la investigación descubrieron a otras personas que experimentaron enfermedades luego de recibir la vacuna, independiente del fabricante.

Investigadores del los Institutos Nacionales de Salud (NIH), empezaron a investigar este fenómeno por su cuenta, partiendo del testimonio de Dressen. No obstante, se llegó a la conclusión de que ‘no hay información suficiente para confirmar si las vacunas causan este cuadro de enfermedades’.

“(Lo científicos de NIH) No pudieron efectivamente demostrar con datos si la vacunación causó directamente los problemas de salud posteriores”, afirma Avindra Nath, directora clínica de NINDS.

Ahora mismo, la doctora Nath afirma que ‘otro pequeño grupo de científicos’ estudia si el COVID prolongado podría vincularse, de alguna manera, a los efectos de las vacunas.