No soy summa cum laude en mis conocimientos sobre el fútbol, pero me apasiona, como a muchos de ustedes. Por eso me parece que el derecho a ser hincha de un equipo de fútbol es sagrado.

Los comentaristas de fútbol no son la excepción en esta condición, que es absolutamente humana. Pero una cosa es analizar un juego, un partido, una maniobra, un error o un gran acierto, que es lo que uno espera, y otra muy diferente es ser pseudocomentarista que no oculta su afición por determinado equipo.

Y eso es lo que pasa en Colombia: los comentaristas son fanáticos del equipo de casa, no son periodistas. Son aficionados y como tal, opinan.

En Bogotá, casi todos los comentaristas son fanáticos de Millonarios y no lo ocultan. Los éxitos del Santa Fe no los ven o no les gusta verlos, y mucho menos, destacarlos.

Santa Fe saltó del último lugar en una nefasta y reciente época, al liderazgo actual del torneo por su actitud de equipo gladiador; eso no les importa.

Santa Fe, hoy, récord histórico de puntos, tampoco les interesa. Santa Fe, hoy, el mayor vencedor del torneo, por su puesto que ni lo mencionan.

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Santa Fe, el equipo más goleador, no les parece importante. Santa Fe es defensor victorioso, con magistrales batallas.

A los comentaristas les pareció mucho más importante y grave, por supuesto, que el equipo de su afición, Millonarios, hubiera sido eliminado.

Y así lo destacaron en sus medios, en los que el gran tema del fin de semana no fue la gigantesca, valerosa e histórica victoria del Santa Fe, sino la eliminación de Millonarios, el equipo de sus afectos.

Simon Kuper, un recocido comentarista británico, ha escrito varios libros sobre el fútbol; buena parte de sus años los lleva estudiando el fútbol. Su último libro se llama «El fútbol es así».

En su prólogo aparece lo que debe ser un comentarista de fútbol: «[…] debe tener el ojo crítico de una persona que no se contenta con lo que ve, sino que lo explica. El comentarista debe tener teorías y muchas observaciones que los demás ni siquiera nos habíamos planteado. El comentarista debe poseer agudeza intelectual y dotarse de herramientas estadísticas de buen investigador […]».

Ojalá nuestros comentaristas lean a Kuper; da una lección magistral sobre cómo comentar un partido, ¡sin tomar jamás partido!

Por eso conserva su fantástica credibilidad que, desgraciadamente, y con dos o tres excepciones, en Colombia ¡no existe!