La emotividad hizo que los jefes de Estado por momentos se olvidaran de las cámaras y de los micrófonos.

El primero en demostrarlo fue el presidente de El salvador Manuel Zelaya,

Después de que pidiera al presidente Álvaro Uribe de Colombia retirar la demanda ante la Corte Penal Internacional contra el presidente Hugo Chávez.

Olvidó el micrófono y textualmente aseguro “no podía dejar ensartado a Chávez”.

“Encartado”

Pero el cobro también quedó en el anonimato al momento de los abrazos.

Leonel Fernández, el artífice de la solución y el de la idea del abrazo, sutilmente le pico el ojo al presidente Hugo Chávez antes de lanzar la propuesta.

Mientras Chávez sonreía y Correa no parecía estar del todo convencido,  Uribe se levantó, atravesó el salón, llego con la mano estirada a donde Correa, y motivo la imagen celebre de los fotógrafos. Lo que pocos vieron fue la cara impávida de Correa, su mirada, y la seriedad de su canciller.

Después del abrazo otro micrófono capto la intención de Correa: “Estamos con Daniel, dijo refiriéndose al presidente de Nicaragua”

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Uribe –entretanto- se paro en la mitad del auditorio, y señalo a Hugo Chávez para también estrecharle la mano.

A su paso hubo también un frio intento de abrazo con la presidenta de Argentina Cristina kitchner, un beso a Michelle Bachellet y una carrera contra reloj para llegar a donde Hugo Chávez.

Cuando todo parecía color de rosa, volvió a aparecer Daniel Ortega que entre chiste y chanza y aprovechando el desorden consiguió que Colombia retirara las corbetas del meridiano 82.

Chávez que volvió a entrar en la foto le dijo sutilmente a Álvaro Uribe “que también le tenía su fragata, pero sin munición.

Detallitos que se ocultaron en medio de los aplausos y de la letra menuda de las conclusiones de una cumbre en la que Colombia cedió mucho más.