Una cosa son las leyes y otra las creencias religiosas. Las marchas homofóbicas de esta semana no sólo reflejaron la discriminación contra esa minoría, sino el aprovechamiento político que se hizo de un proyecto educativo.

A pesar de que los manifestantes representaban mayoritariamente a diversas religiones, los insultos, provocaciones y malas palabras fueron comunes en las pancartas.