Por medio de una carta el ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, solicitó al director ejecutivo de Medio Ambiente de Naciones Unidas, Erik Solheim, ayuda para poder trabajar en los daños causados por el derrame de crudo que se registró en el pozo de la Lizama 158.

En el escrito el jefe de la cartera asegura que “desde el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible enviamos una comisión que ratificó que el pozo está sellado. Pero infortunadamente, el impacto ambiental negativo es alarmante y preocupante. En el orden de atender este daño, pedimos amablemente la asistencia de expertos de la ONU que puedan darnos recomendaciones para la recuperación de las áreas afectadas”.

En la petición, Murillo hace un resumen de la situación en Barrancabermeja e insiste que los expertos puedan viajar al país para trabajar en coordinación con el Gobierno. Hasta ahora no se conoce respuesta de la ONU.

El 2 de abril se cumplió un mes de este afloramiento de crudo y este es su saldo hasta el momento: son 550 barriles derramados, 2.460 animales muertos y 1.600 rescatados, nueve enfermos por cuenta del derrame, que se inició hace cuatro semanas y cuyos efectos se verán durante los próximos 20 años, en algunos de los 49 cuerpos de agua que contaminó o los 25 kilómetros del río Sogamoso que recibieron sus emanaciones.