La Policía acaba de graduar doscientas mujeres como escoltas. Ellas compartirán con sus colegas hombres la custodia de muchos dignatarios.

Las pruebas y el entrenamiento son tan exigentes como los de los hombres (y algunos dicen que más). Las guardaespaldas han demostrado su capacidad en un oficio que exige nervios de acero.

Una coronel, una capitán, una teniente y más de 50 patrulleras de la policía conforman los más delicados y estrictos esquemas de seguridad con los que cuenta la Policía para proteger al presidente, al fiscal general de la nación , los magistrados de las altas cortes, varios ministros del despacho y hasta el embajador de los Estados Unidos.

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Su misión es garantizar con la mayor discreción la seguridad de sus protegidos.

Sus cinturas y sus bolsos siempre guardan algo en particular.

Las escoltas tienen que dejar atrás cualquier tipo de temor para enfrentar atentados como el que le ocurrió hace pocas semanas a la Ministra de Comunicaciones, María del Rosario Guerra, y del que hasta ahora no se sabía.

Lo único que enfrentan con mucho más respeto que su trabajo, es a su instructora. La única mujer en Latinoamérica  preparadora de cuerpos de seguridad y escoltas.

Junto con estas cinco escoltas, fueron graduadas otras 200 mujeres conocidas dentro de la Policía como los Ángeles de Charlie.