En el Congreso de la República la rebelión contra el Gobierno nacional viene de todo lado, incluido desde sectores de su partido, el Centro Democrático. El modelo de Gobierno que está implementado el presidente Iván Duque de no darles representación política a los partidos hace que su coalición en el legislativo sea muy endeble.

El trámite de los proyectos ha sido tortuoso, tanto que la iniciativa clave para la administración central como la reforma a la justicia, fue hundida y la reforma política, otro proyecto vital para el Gobierno está a punto de correr la misma suerte. Hoy, cuando en un trámite rutinario debería ser conciliado en el Senado, el texto que aprobó la Cámara, no hubo el número de senadores necesarios para aprobar ese acto legislativo.

Por esta razón, el Senado fue citado para este domingo 16 de diciembre, en un día atípico para sesionar en el Congreso, a ver si se puede salvar la reforma política en su primera vuelta.    

Habituales contradictores del Gobierno Duque, como el senador de la U, Roy Barreras, señalaron con nombre propio a quienes consideran son los responsables del inminente fracaso de la reforma política.

“Acá les ha faltado grandeza a Cambio Radical y al Partido Liberal, que con cálculos políticos para 2022 van a hundir un proyecto fundamentales para corregir la politiquería”, aseguró el senador de la U.

“La verdad es que se perdió la confianza”, sentenció lacónicamente la segunda vicepresidenta del Senado, Angélica Lozano.

Otros proyectos que son fundamentales también fracasaron en esta legislatura, incluidos varios que desarrollan los puntos de la consulta anticorrupción: como los pliegos tipo para evitar las adjudicaciones a dedo, lo mismo que la publicación de la declaración de renta y los bienes y propiedades de los congresistas.

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Y aunque es el proyecto más importante del Gobierno para cuadrar caja, la ley de financiamiento o reforma tributaria  también tiene poco ambiente para ser aprobada en las sesiones extras que irán de lunes a miércoles, en plena víspera navideña.

Si la efectividad del Gobierno se mide por los proyectos que le aprueba el Congreso, la realidad es que tiene poco para mostrar en una lánguida legislatura.