Se emborrachó la policía o por lo menos sus vigilantes. Nadie vio salir los 28 televisores que tenía su sitio de recreo en Ricaurte, Cundinamarca.

Todo se ha dicho sobre la Policía: lo bueno, lo muy bueno que hacen por los ciudadanos, lo malo y hasta lo feo. Pero lo que ocurrió en el interior de una de sus instalaciones, custodiada por sus propios agentes, ya es la tapa. Presten atención.

Ricaurte es un pequeño municipio cundinamarqués, que queda a las puertas del turístico Girardot. Por tanto, su población también se ha beneficiado de esa línea de negocios. Uno de los sitios más conocidos de Ricaurte es la edificación que alberga el centro vacacional de la Policía.

Pues bien, en este plácido lugar manejado por el departamento de Bienestar Social de la institución, se presentó un robo de magnitud mayor: 28 televisores de entre 32 y 40 pulgadas, recién adquiridos para comodidad de los huéspedes en sus habitaciones, desaparecieron tal como llegaron, al parecer en un camión y antes de que nadie los pudiera disfrutar.

En el mercado, un televisor de ese tamaño puede costar entre 400 mil y 4 millones de pesos. Si se le pusiera un valor promedio de 1 millón 200 mil pesos a cada uno de los aparatos adquiridos por la Policía, el valor del robo sería de 33 millones 600 mil pesos.

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Lo raro y también lo vergonzoso es que el hurto haya ocurrido dentro de las instalaciones del centro custodiadas por la propia Policía. Hasta el momento, nadie responde.