Así se veía a comienzos de junio el campamento madre de las Farc en las selvas de Nariño, donde confluían hombres de los frentes 29, el Daniel Aldana y el mariscal Sucre.

Guerrilleros armados y uniformados recibían indicaciones de sus superiores.

Hoy estos mismos hombres, ya sin uniformes y fúsiles e identificables como miembros de su grupo, solamente por las toallas en sus cuellos o algunos símbolos en sus motos, adelantan, como ellos le llaman, labores de pedagogía para contarles a los pobladores lo que se está acordando en La Habana.

Leonel Páez, jefe del frente Daniel Aldana, dijo en entrevista periodística, cual es el requisito indispensable para que la guerrilla entre en las zonas veredales en donde se concentrarán antes de la incorporación a la vida civil

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En ese punto Páez fue insistente. El guerrillero dijo que sus hombres han acatado por más de un año el cese al fuego decretado por el secretariado y negó que entre sus filas existan facciones disidentes.

Pero advirtió que el reglamento guerrillero sigue vigente hasta cuando la paz esté firmada y en él se contemplan duros castigos a quienes pretendan desobedecer lo establecido por el alto mando.

Páez, habló de manera coloquial, del rechazo que causa en las filas de las Farc, la propuesta del expresidente Uribe de revisar algunos de los puntos ya acordados durante los cerca de cuatro años de conversaciones en La Habana.

Aldana dijo que el fenómeno de los cultivos ilegales en esta zona del país solo desaparecería si el Gobierno, en conjunto con la ONU y los mismos campesinos adelantan proyectos serios de sustitución.