La tensión en Siria configura un escenario geopolítico de conflicto internacional, la inminente ofensiva anunciada por el presidente Bashar al Assad contra Idlib, el último bastión opositor a su gobierno y el hogar de unas tres millones de personas, genera un duro cruce de amenazas y acusaciones entre sus aliados y las principales potencias de occidente.

Esta provincia cercana a la frontera con Turquía es el epicentro de la tensión diplomática entre Estados Unidos y Rusia, mientras Washington promete una respuesta rápida y contundente si se vuelven a utilizar armas químicas contra civiles, Moscú mantiene su apoyo político y militar al ataque argumentando que cerca de 50.000 terroristas operan en zona.

Una posición que también fue adoptada por Irán durante una cumbre tripartita con Rusia y Turquía, donde fracasaron a la hora de acordar un alto el fuego. La nación islámica tiene muy malas relaciones con el gobierno estadounidense  desde que este anunció  su retiro del Acuerdo Nuclear.

Los habitantes que se quedan Idlib se preparan para lo peor, mientras miles continúan abandonado la región.

La ONU advirtió que la inminente ofensiva de Damasco y sus aliados podría crear «la tormenta perfecta» para el conflicto y suponer la peor catástrofe humanitaria de estos siete años de la guerra en siria.