Momentos de angustia vivieron los familiares de los uniformados que estaban en la Escuela General Santander, justo en el momento del atentado. Con listas en mano indagaban desesperadamente por sus seres queridos.

En medio de la tragedia, para muchas familias, había esperanza para otras.

Adriana Laguna, después de casi siete horas pudo ver a su hijo, un auxiliar que completa sus estudios en la escuela y que minutos antes de estallar el carro bomba se había ido a descansar.

“Había entregado turno y se había desplazado a descansar, estaba en la portería. Gracias a Dios está bien”, dijo la acongojada madre.

Medicina Legal trabaja en los estudios para identificar los cuerpos de las víctimas del atentado.