Un despistado colaborador de la campaña de Roy Barreras instaló su valla en el lugar equivocado. 

Algunos voluntarios de las campañas de los candidatos al Congreso, por ayudar a su jefe, la embarran. Como le está sucediendo a Roy Barreras con una valla que, en lugar de darle más electores, le hace daño. 

El sitio en que le pusieron su aviso político es, nada más ni nada menos,  la pared lateral de un viejo prostíbulo de Bogotá ubicado en una zona nada recomendable. 

Una vetusta edificación que, de solo verla y detallar su entrada da miedo, guarda actividades nada recomendables, al menos para la moralidad pública.

Un consejo, Senador: mande a retirar su valla de ese edificio y ordene colgarla, mejor, en un convento o en una iglesia. Claro, si lo dejan.