Un título muy llamativo tuvo El Espectador para la jornada electoral que se vivió. El artículo se llama “Ni lechona ni tamal; aprenda a denunciar al político que quiere comprar su voto”. Se refiere a los fraudes electorales con que políticos corruptos intentan desviar la decisión popular en cada elección.

Un grupo de meseros muy enguantados llegó temprano a la mesa de votación número 1, en donde acababa de votar el presidente de la República y otros altos dignatarios, para cumplir con un servicio que seguramente le habían ordenado.

En las elegantes bandejas venían, precisamente, unos tamales, pero no para comprarle el voto a Santos o a Uribe lo cual resultaría imposible, sino para darles desayuno a los jurados de esa mesa, la más importante del país.

Unos tamales fueron consumidos de inmediato en la parte trasera de la carpa. Y otros, permanecieron en la mesa en donde estaban los tarjetones de Senado, Cámara y consultas.

Por casualidad se encontraba en la plaza de Bolívar uno de los magistrados del Consejo Nacional Electoral, Felipe García, quien, conociendo la ley hizo una advertencia perentoria.

Ya saben jurados de votación, ni lechona ni tamal.