Muchos países del mundo, incluido Colombia, conmemoran el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. 

El día ‘festivo’ está al margen de representar un escenario de celebración: se trata un espacio de profunda reflexión y reivindicación de una lucha histórica por la igualdad, reconocimiento y ejercicio real de los derechos de las mujeres.

En el ‘panel’ de temáticas dentro del debate, están colocados el acoso sexual y laboral, feminicidios y otros accionares que han trastocado, de manera histórica, el panorama de la mujer en la sociedad.

Del mismo modo, la fecha cuenta con una amplia carga de antecedentes, que fueron configurando e inmortalizando el 8 de marzo como el día en que las mujeres ‘alzan su voz e imagen’ ante los oídos y ojos del mundo entero.

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¿Qué pasó un 8 de marzo…?

El antecedente ‘cumbre’ que ‘eternizó’ al Día de la Mujer, tuvo lugar en el año 1875 (siglo XIX), cuando ciento de mujeres, que trabajaban para una fábrica textil en Nueva York, salieron a protestar bajo el lema “Pan y rosas”.

Dicha manifestación contemplaba, dentro del discurso, las pésimas condiciones laborales en las que tenían que trabajar las mujeres, incluido el pobre salario que recibían a cambio de sus labores.

Dicha manifestación, en vez de un cambio, provocó una trágica respuesta: la Policía local disparó contra la mujeres que se manifestaban y cuyas víctimas mortales, según cifras históricas, alcanzaron las 120. 

Otra de las referencia históricas, aunque un poco más alejada a la fecha, ocurrió en 1911, curiosamente, también en Nueva York.

El incendio de la fábrica Camisas Triangle el 21 de marzo de 1911 estremeció a Estados Unidos y al mundo entero, luego de que ‘146’ mujeres fallecieran al interior del sitio, consumidas por las llamas y “sin rutas de escape” disponibles.

Dichos acontecimientos marcaron un ‘antes y después’ en el itinerario de legislación laboral de EE.UU entre géneros.

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1911 también fue el año que protagonizó la primera conmemoración del Día de la Mujer en Alemania, Suiza, Dinamarca y Austria, luego de que Clara Zetkin, revolucionaria alemana de origen judío, propuso celebración del “Día de la Mujer Trabajadora”, que se aprobó por la ONU y se empezó a conmemorar.

Otro gran evento histórico que fue ‘punto de inflexión’ tuvo como contexto la Revolución de Febrero, en Rusia. El 3 de marzo de 1917, la mayor fábrica laboral de San Petersburgo fue clausurada, dejando a más de 30 mil trabajadoras en un panorama crítico de supervivencia.

El levantamiento masivo de mujeres en señal de protesta contra la esclavitud a las que eran sometidas, hizo que ‘resonaran con fuerza’ en la monarquía rusa, la cual fue ‘punto clave’ para acabar con el poder del Zar de ese entonces, cuando ningún partido político de oposición estaba en condiciones de afrontarlo.

Luego, en la Revolución Rusa, Alexandra Kollontai, una destacada militante bolchevique, logró que las mujeres obtuvieran el derecho al voto y que el divorcio y el aborto fueran considerados legales. El 8 de marzo de 1917 se declaró el Día de la Mujer en la Unión Soviética, y, en 1965, se declaró esa misma fecha como ‘día no laborable’.

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El color púrpura

El color que ha representado históricamente al Día de la Mujer (y sus afrontas) es el púrpura, aunque también el verde y el blanco hacen parte del componente simbólico del la lucha.

Justamente, esa ‘antropología’ de los colores cataloga al púrpura como ‘el color que representa la justicia y la dignidad’. En tanto, el verde significa ‘la esperanza’, mientras que el blanco simboliza ‘la pureza’.

Los primeros precedentes del ‘color púrpura’, según datos históricos, tuvieron lugar en Reino Unido (1908), gracia a la la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU, por sus siglas en inglés) , el cual fue el primer ‘movimiento independiente’ en el mundo que le permitió a las mujeres votar en elecciones.