Con el fin de inspeccionar los prototipos ya construidos del controvertido muro que pretende levantar en la frontera con México, arribó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a un punto entre Otay Mesa (EE.UU.) y Tijuana (México).

El presidente se trasladó a California en la misma mañana en la que despidió de manera fulminante a su secretario de Estado, Rex Tillerson, para sustituirle por el director de la CIA, Mike Pompeo.

La pasada semana, el Gobierno federal presentó una denuncia contra varias leyes californianas respecto a los territorios denominados «santuario», que, ya sea en ciudades o estados, limitan la colaboración de las policías locales con las autoridades migratorias federales.

«Las políticas ‘santuario’ de California son ilegales e inconstitucionales y ponen en riesgo la seguridad de toda nuestra nación», dijo hoy Trump en un mensaje publicado en Twitter.

La llegada de Trump a la frontera también se sigue con mucha atención en México, un país cuyas relaciones con Estados Unidos pasan por momentos muy delicados y tensos debido a la intención de la Casa Blanca de construir un muro en el límite entre las dos naciones y hacer que los mexicanos paguen la factura.