Hay una ley que está asustando a congresistas: la llaman «la ley fantasma». Le dicen así porque pasó por el Congreso sin que nadie la viera, nadie la leyera y nadie la objetara… pero tiene corriendo a todo el mundo.Esa ley es la fuente de los conflictos internos en el liberalismo y ha prendido las alarmas entre todos los candidatos a aspirar al Congreso el año entrante.

Esa ley la presentó el representante uribista Edward Rodríguez, y fue aprobada y sancionada. El jefe de Estado, al promulgarla, dijo que era una novedosa ley para combatir la corrupción política. La ley fantasma lo que hace es ordenar penas de prisión entre cuatro y nueve años para castigar conductas que afecten los mecanismos de participación ciudadana. Pero entre las conductas punibles figuran actuaciones tan inocentes como ofrecer empanadas y gaseosas a los asistentes de una reunión política para promover una candidatura, bien sea a una junta de acción comunal, o a la Presidencia de la República, o al Congreso; eso tiene que ser reportado en los libros de gastos de la respectiva campaña.

La ley establece penas de prisión a candidatos, a gerentes y a los tesoreros de campaña que lleguen a enfrentarse a situaciones como la siguiente, por ejemplo: si hay una reunión política para promover una candidatura y se reparten refrescos por invitación de algunos de los vecinos, habrá castigo; si se lleva un conjunto musical y no se reporta, ¡habrá castigo!

El artículo 7 de la ley dice que «el que ofrezca los votos de un grupo de ciudadanos a cambio de dinero o dádiva», sin especificar qué clase de dádiva, que pueden ser las empanadas, «incurrirá en prisión de 4 a 8 años y multa de 200 salarios mínimos», y si la campaña no reporta en sus libros la donación de refrescos y la actuación de los músicos, según el artículo 16 de la ley, sus directivos y el candidato incurrirían en pena de prisión de 4 a 8 años.

Hay más: si el ciudadano que donó las empanadas no lo reporta al Consejo Electoral, podría ser llevado a prisión hasta por 8 años. Esta ley tiene a los políticos tan asustados que creen que la solución está en las listas cerradas, porque desaparece la responsabilidad personal y la asume el partido o movimiento de la respectiva lista.

Este problema, por ejemplo, condujo al expresidente Gaviria a advertir que si la lista liberal es cerrada, él no aceptará la dirección.

Acaba de surgir una fórmula de solución a la crisis: es la inclusión de un articulito en la reforma política que cursa, y que diría: «Derógase la ley 1874 de 2027» conocida como ley fantasma, para eliminar al fantasma.