Santa Fe enfrentó, ante el Deportivo Cali, el peor de los escenarios que puede soportar un equipo de fútbol en cualquier lugar del mundo: el arbitraje perverso.

El juez de línea se llama Mauricio Escobar; a él, y solo a él, se puede adjudicar la derrota del Santa Fe ante el Deportivo Cali. Sus decisiones no solo fueron equivocadas, sino reiteradas. Se parte de la base de que el Deportivo Cali es un equipo honesto que no requiere ayudas extra futbolísticas. Las equivocaciones del juez de línea Escobar solo podrían adjudicarse a su incapacidad.

Escobar, según nos dicen, llegó al arbitraje por recomendación de Óscar Julián Ruiz, el buen árbitro llanero, que ya se retiró. Nadie entiende cómo en la siguiente jugada el juez Escobar no sancionó este gigantesco fuera de lugar de Abel Aguilar.
Y el juez central, señor Leonard Mosquera, convalidó el error. 

El segundo gol del Cali fue producto de un fuera de lugar de Nicolás Benedetti, quien desde su posición absolutamente ilegal asistió a José Sand para que el argentino anotara.

El tercero, de Sand, es un gol legal, obvia consecuencia del abatimiento de un equipo como el Santa Fe, derrotado con un juez. La expulsión de Arboleda fue justa, pero la cabeza caliente del santafereño es fácilmente atribuible a la desesperación creada por el arbitraje feroz del juez Escobar.

Desde aquí, nuestro abrazo de solidaridad con Santa Fe, atropellado por un juez de línea que debería ser suspendido por un largo rato, por la Comisión Arbitral, para que otros equipos profesionales no sufran el peso de sus equivocaciones. Y al juez central, señor Mosquera, debería la comisión también examinarla por validar errores fatales de uno de sus asesores.