No se trata, como quisieron mostrarlo sus hermanos, de un ataque de sadismo en medio de una crisis de drogadicción, sino de un acto premeditado, a juzgar por las referencias que del presunto sádico se tenían en el barrio.

A él lo conocían por sus actos obscenos dentro de la camioneta y por otro intento de secuestro, cuya víctima en esa ocasión era mayor y pudo escapar.