El beneficiario de los pagos fue después embajador de Colombia en Canadá y Perú, pero su carrera diplomática terminó cuando Salvatore Mancuso lo identificó como un activo promotor de la causa paramilitar. Según Mancuso, él era el que le decía a los paramilitares dónde estaban haciendo falta y aprovechaba su peso político para pedir que las AUC no fueran declaradas una organización ilegal.