Durante la administración del alcalde Gustavo Petro se han cerrado 170 comedores que sus antecesores habían abierto para alimentar a los 16 mil bogotanos más pobres. A cambio de 20 almuerzos diarios, los beneficiarios reciben ahora una bolsa con comida cruda de las manos de un contratista especializado en reforestación.

Recuerdos, eso es lo único que les queda a los beneficiarios del comedor comunitario Kennedy central, en el occidente de Bogotá.

Más de 300 niños y niñas de escasos recursos tenían garantizado el almuerzo en este lugar, pero fue cerrado el pasado 18 de enero de 2013.

La orden de clausurar este comedor y 169 más en las localidades más pobres de Bogotá fue del Gobierno Distrital, a pesar de que el mismo alcalde Gustavo Petro aseguró que esto no iba a pasar durante la administración de la “Bogotá Humana”.

La Secretaría de Integración Social del distrito, a cambio de cerrar los comedores puso en marcha el programa “Mi vital” con el que reemplazó la comida que se servía en los comedores por canastas de contingencia. El alcalde Petro hizo el anuncio. “´Mi vital´ va a garantizar que la comida llegue al que la necesita y es comida de verdad”, dijo el Alcalde.

Comida cruda en bolsa, sin el equilibrio nutricional que requieren los niños y niñas es lo que les han entregado. Mercado que no alcanza, ni tiene los mismos alimentos que ofrecían los comedores.

Desde el Concejo de Bogotá se revelaron graves irregularidades en la gestión del consorcio Alimentación Social 2013, al que la administración Petro le entregó un contrato por 18 mil millones de pesos para proveer la alimentación de 16.280 niños antiguos beneficiarios de los comedores comunitarios.

Una de las empresas que certificó la experiencia del consorcio tiene sede en Villavicencio y según la dirección reportada funciona en el conjunto residencial Araguaney.

En 2011 cuando Gustavo Petro estaba revelando todos los escándalos de la alcaldía de Samuel Moreno, en su informe sobre “la corrupción del Carrusel de la contratación”, denunció que a la empresa Mauros Food, experta en comida, le habían adjudicado un contrato para hacer andenes en Bogotá. por lo que resulta paradójico lo que está sucediendo ahora.

La secretaria de integración social del distrito, Teresa Muñoz, defendió la adjudicación que hizo la entidad diciendo que “lo que he hecho la Secretaría es garantizar un ejercicio de cuidadanía… Cuidar el recurso público”.

Pero no quiso defender las razones por la que unas empresas expertas en reforestación resultaron ganadoras en un contrato para manejar alimentos: “Eso lo voy a decir cuando me citen al debate en el concejo”.

Por el momento, los primeros beneficiarios, niños bogotanos de escasos recursos, aspiran a volver a tener ese derecho y mientras tanto ruegan que el distrito entregue el mercado del mes de agosto, que debieron recibir hace 12 días.

Bogotá celebró su aniversario, pero sus niños, no participaron de la fiesta.