Barichara, a la que nacionales y extranjeros consideran una joya de la arquitectura colonial, sufrió una transformación arquitectónica. Cualquiera que quisiera construir sólo tenía que pagar y se le garantizaba su licencia, pero ninguna licencia se registró de manera que todas las aprobadas en tres años corresponden a obras ilegales. ¡Qué tal esto!