Pasaron cuatro años antes de que Evangelina Murcia pudiera volver a recorrer el camino hacia su casa, en la vereda Churnica, de Simijaca, Cundinamarca.

Evangelina Murcia dice emocionada que “¡Uy Dios mío! Todo por culpa de este señor, mire todo el perjuicio que me ha hecho, hasta la luz se la han llevado, mire cómo este señor ha destruido mi casa, todo por culpa de este señor coronel y esta señora Luz Darly”.

Ella trabajó en el DAS hasta la extinción de la entidad y quiso sembrar sus ahorros, en una casa de campo en la que pudiera cuidar a su mamá.

“Hice un préstamo en la Caja Social, aproximadamente en cuatro años pagué el préstamo, y compré mi finquita para tener a mi madre, ella duró viviendo aquí aproximadamente cuatro años”.

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El aire puro, la vida campesina y la comida natural, estaban en el clima que ellas querían y además, la casa tenía su camino hasta la puerta.

Un coronel también retirado compró el predio vecino y, desde entonces, el camino que durante medio siglo los comunicó se convirtió en zona roja.

La señora Murcia afirmó que “me selló el camino, puso dos machones de ladrillo como lo pueden estar viendo, me cerró el camino por donde yo pasaba hacia mi finca y eso me ha perjudicado mucho”.

La esposa del coronel asegura que no tiene vecinos y que por consiguiente tampoco tiene porqué darle paso a nadie, pues así lo dispuso una orden judicial.

Luz Darly González dijo que “nosotros tenemos la decisión de un juez que ya no tiene ninguna apelación sobre esto porque fue demostrado completamente que ese predio es de nosotros, que ella (Evangelina Murcia) no tiene derecho a ninguna servidumbre”.

Aunque el juez de Ubaté lo niegue, en el Instituto Geográfico Agustín Codazzi y, por consiguiente, en el catastro nacional sigue existiendo el camino que comunicó durante medio siglo a los vecinos de Churnica y que ahora está clausurado como campo de concentración.