Fany Puentes trabajó durante seis años en una multinacional, Comenzó como operaria y terminó como jefe de planta, pero su experiencia de nada le sirve, porque su patrón fue secuestrado y asesinado. Ella estuvo en la cárcel durante tres años por ese crimen, que la justicia determinó que no había cometido. En diciembre pasado, la absolvieron a ella y a su esposo, ya en libertad, intentan rehacer sus vidas y cada vez que les niegan empleo sin explicar la razón, no les queda más que decir: ¡Qué tal esto!

El 22 de febrero de 2001, la banda “Los Calvos” conformada por policías activos y en retiro, secuestró, en el norte de Bogotá, al empresario japonés, Chicao Muramatsu, vicepresidente de la multinacional Yazaki Ciemel en Colombia.

“Fue la policía realmente la que se inventa el retén, la que para al señor y le dice, es que este carro está reportado como robado y es así como logran hacer el secuestro”.

Muramatsu fue vendido por sus captores al frente 22 de las Farc, que exigía 25 millones de dólares a cambio de su liberación, pero el 24 de noviembre de 2003, día en que el industrial cumplía 53 años, la policía encontró su cadáver en el municipio San Juan de Río Seco, en Cundinamarca.

“Los autores del secuestro, también los son extensivamente, de la causa de la muerte”.

En 2005, Guillermo Díaz, un taxista al servicio de “Los Calvos”, rindió ante la fiscalía una declaración para beneficios por colaboración eficaz, donde dice que Fanny Puentes, empleada de Yazaki Ciemel, y su esposo, Gabriel Arias le dieron a la banda, la información para plagiar al empresario.

“Dice que yo fui a mostrarle la empresa, que fui a mostrarle la camioneta donde el señor viajaba. Otras veces dice que yo fui a darle información de que había un japonés al que podían secuestrar”.

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La fiscal tercera especializada de Bogotá, contra el Secuestro y la Extorsión, dictó el 31 de mayo de 2005, orden de captura a la pareja, sindicándola de secuestro extorsivo-agravado y homicidio.

“Algunas veces dice que yo por intermedio de mi esposa daba la información, y en algotras dice que Fanny, o sea, mi esposa, a través mío daba la información”.

Treinta meses después, el juez sexto penal del circuito de Bogotá, se dio cuenta del error que había cometido la fiscal, el testigo clave en esa investigación no era coherente en sus declaraciones.

“Algunas veces dice que yo me llamaba Gabriel, otras decía que Javier”.

“Pareciera que todo fuera un montaje, las pruebas fueron totalmente infundadas”.

Por eso, de inmediato la libertad, en diciembre de 2007 y los desvinculó del proceso en enero de 2008.

«El Juzgado Sexto (6) Penal del Circuito Especializado de Bogotá, profirió  SENTENCIA ABSOLUTORIA DE FECHA SEIS (6) DE DICIEMBRE DE DOS MIL SIETE (2007), providencia que se encuentra debidamente EJECUTORIADA DESDE EL DIECIOCHO (18) DE ENERO DE DOS MIL (2008).»

“Que hagan justicia, yo creo que una cosa de esas, eso fue injustamente lo que hicieron con ellos”.

Los únicos culpables del crimen contra Muramatsu, sólo querían beneficios y descuentos en su pena, por eso involucraron a Fanny y Gabriel, quienes por tres años, tuvieron que abandonar a la fuerza, a su pequeño hijo.

“Decía mami, no puedo más, no puedo más…cuándo van a salir ustedes”.

“Me quitaron la etapa más importante que era su adolescencia”.

Y aunque lograron comprobar su inocencia,  consideran que su dignidad quedó por el suelo y ahora nadie les responde por el tiempo que perdieron en la cárcel.

“ No fue solamente ante el país, sino ante el nivel mundial».

“Perdimos nuestros trabajos, perdimos nuestro buen nombre”.

Mientras intentan rehacer sus vidas al lado de su hijo, la pareja reconoce su error.

“ Mi único pecado es haber sido el esposo de Fanny y el de ella haber sido empleada de esa empresa”.

Sin dinero por todas las deudas que les dejó este amargo proceso, los Arias Puentes sólo esperan que el estado les responda por la equívoca decisión de la fiscal que los privó de la libertad, para poder rehacer sus vidas.