Deportistas, técnicos y entrenadores con carrera olímpica quisieron calificar como maestros de alto rendimiento y se matricularon en el programa que ofrecía en Bucaramanga un certificado de una universidad cubana. Al terminar las clases supieron que en la isla, no se tenía ningún conocimiento de sus estudios.

Deysi Jannette Cárdenas creó en Bucaramanga, la Fundación para la Educación, el Deporte y la Cultura FEDYC.

En 2014, Deysi les dijo a algunos amigos dedicados al deporte, que la prestigiosa Universidad del Deporte Manuel Fajardo de Cuba, estaba ofreciendo una maestría en “Metodología del Entrenamiento Deportivo para la Alta Competencia”, y que ella podría enviar un grupo de colombianos.

18 estudiosos del deporte, se inscribieron.

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La fundación de la señora Deysi se haría cargo de la logística. Matrículas, tiquetes, alimentación y alojamiento por un valor de 17’640.000 pesos por estudiante.

La maestría tuvo dos módulos, los primeros los dictaron en La Habana, y el tercero en las instalaciones de las Unidades Tecnológicas de Santander en Bucaramanga.

Los que sí fueron a La Habana notaron que algo raro estaba pasando. Cuando pidieron sus carnés de estudiantes. «Me dijeron que no, que la universidad no expedía ese documento», confesó uno de los estudiantes.

Y esa misma semana se les presentó un inconveniente con la señora que los hospedó.

Un año más tarde, se enteraron que ninguno había quedado registrado en los archivos de Cubadeportes, el ente rector del deporte en Cuba.

«La Manuel Fajardo sencillamente dicen…Ustedes no están inscritos»… «Toda la documentación es falsificada…”, explican los estudiantes.

Luego se enteraron que el tercer módulo que recibieron en Bucaramanga, tampoco era válido, porque usaron las aulas de las Unidades Tecnológicas de Santander, sin permiso.
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«Se presentó la debida denuncia penal como lo ordena la Ley, ante la Fiscalía General de la Nación«: Silvia Jaimes, Jefe Jurídica Unidades Tecnológicas.

Sorprendidos, buscaron a Deysi, la amiga que les vendió el plan, pero no contestaba los teléfonos.

Pero su abogado, siguió cobrándoles a los estudiantes porque algunos de ellos le estaban pagando por cuotas los 17’640.000 a la fundación de Daysi.

Los estudiantes no aguantaron más y buscaron a su amiga Deysi.

Les dijeron que difícilmente les iban a responder porque la señora Deysi estaba presentando problemas siquiátricos.

«Que pueda existir un problema de certificaciones es una cosa, pero que digan que hay estafa es falso» manifestó el abogado de Daysi.

Dicen que según sus averiguaciones, para no perder al menos el tiempo invertido, tendrían que adelantar parte de lo que ya estudiaron en la Habana y pagarle cada uno 3.500 dólares a la Universidad Manuel Fajardo de Cuba.